: DORMIR, CON O SIN
Estaba por acostarme cuando me he dado cuenta de que no había quitado el colgantito que he llevado hoy (un ojo diminuto; se supone que da protección contra el mal de ojo, es decir, la conjuntivitis -un problema que a todos nos preocupa tanto). Por un momento he dudado: ¿merece la pena que me lo quite? ¿Y si me maldice alguien mientras yo duermo? ¿Me molestará mucho?
La respuesta es: sí, creo que me molestaría mucho si me lo dejase puesto. Se me podría clavar en el cuello, o podría ser que Felicia se enganchase en él (o se pusiera a jugar con el ojo, cosa que un gato nunca debería aprender a hacer). Lo notaría en esos momentos de semiconsciencia.
Del mismo modo y por razones de comodidad me he quitado el collar de Felicia que llevo como pulsera. Pendientes orejiles no llevaba hoy, ni anillos, pero me los habría quitado: comprobado empíricamente, cuando voy a dormir me molesta todo. La excepción son los pendientes "definitivos" como el del labio o el de la lengua, que no se clavan como los de las orejas ni tienen dónde o con qué engancharse, o al menos no lo han tenido hasta ahora.
Pero la incomodidad no termina al llegar la mañana y, con ella, la verticalidad, porque se prolonga durante ese momento de chaparrón controlado que denominamos cariñosamente "ducha". Cuántas veces habré visto gente con pulseras a medio pudrir por ducharse con ellas (aunque creo que viene siendo el objetivo). Los pendientes se enganchan en el pelo mientras una intenta lavárselo como cientos de murciélagos locos. Los anillos te arrancan la piel y los tendones de los dedos, aprovechando que el agua es su hábitat natural y donde más poder tienen. Los cinturones no acaban de secarse nunca.
Sin embargo, hay quien lucha contra todas estas desgracias y peligros y se acuesta y ducha con toda la joyería. O con la pareja. O con el perro (NOTA: lo mío es un gato, nada que ver). Logran ignorar las molestias de no abogar por el minimalismo. Yo no soy capaz (al menos, no mientras no tengamos una cama de matrimonio). Ni siquiera puedo dormir con calcetines. La vida es dolor, la vida es sufrimiento, suffering, oighs.
¿Y vosotros, qué pensáis?

Mirad mi cara de inquirimiento sacada con la wécan
(muchas entradas sin imágenes, hoy; ya está bien)
Tags: q&a
Estaba por acostarme cuando me he dado cuenta de que no había quitado el colgantito que he llevado hoy (un ojo diminuto; se supone que da protección contra el mal de ojo, es decir, la conjuntivitis -un problema que a todos nos preocupa tanto). Por un momento he dudado: ¿merece la pena que me lo quite? ¿Y si me maldice alguien mientras yo duermo? ¿Me molestará mucho?
La respuesta es: sí, creo que me molestaría mucho si me lo dejase puesto. Se me podría clavar en el cuello, o podría ser que Felicia se enganchase en él (o se pusiera a jugar con el ojo, cosa que un gato nunca debería aprender a hacer). Lo notaría en esos momentos de semiconsciencia.
Del mismo modo y por razones de comodidad me he quitado el collar de Felicia que llevo como pulsera. Pendientes orejiles no llevaba hoy, ni anillos, pero me los habría quitado: comprobado empíricamente, cuando voy a dormir me molesta todo. La excepción son los pendientes "definitivos" como el del labio o el de la lengua, que no se clavan como los de las orejas ni tienen dónde o con qué engancharse, o al menos no lo han tenido hasta ahora.
Pero la incomodidad no termina al llegar la mañana y, con ella, la verticalidad, porque se prolonga durante ese momento de chaparrón controlado que denominamos cariñosamente "ducha". Cuántas veces habré visto gente con pulseras a medio pudrir por ducharse con ellas (aunque creo que viene siendo el objetivo). Los pendientes se enganchan en el pelo mientras una intenta lavárselo como cientos de murciélagos locos. Los anillos te arrancan la piel y los tendones de los dedos, aprovechando que el agua es su hábitat natural y donde más poder tienen. Los cinturones no acaban de secarse nunca.
Sin embargo, hay quien lucha contra todas estas desgracias y peligros y se acuesta y ducha con toda la joyería. O con la pareja. O con el perro (NOTA: lo mío es un gato, nada que ver). Logran ignorar las molestias de no abogar por el minimalismo. Yo no soy capaz (al menos, no mientras no tengamos una cama de matrimonio). Ni siquiera puedo dormir con calcetines. La vida es dolor, la vida es sufrimiento, suffering, oighs.
¿Y vosotros, qué pensáis?

Mirad mi cara de inquirimiento sacada con la wécan
(muchas entradas sin imágenes, hoy; ya está bien)
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