: CAPERUCITA
No sé hasta qué punto puede marcar la vida de una persona haber crecido conociendo una versión u otra de los cuentos para niños, o de las cosas en general. Por ejemplo, Caperucita Roja (¡enlace tela de interesante!): mi poema preferido de niña era éste.

Principalmente, por la última frase. Es de esas que pienso coser en petit point y enmarcar posteriormente.
(No niego la posibilidad de que esta entrada tenga que ver con que me hayan regalado unos bombones Mon Cheri.)
Ah, la fascinación por las versiones (pinchad para leerlas, que tienen su puntillo). Rashomon y tal. Me encanta.
Mucha gente crece creyendo realmente en la existencia de un leñador que llega a tiempo de:
a) Matar al lobo y sacar de su estómago -al parecer, carente de ácidos para hacer una digestión adecuada- a la niña y a la abuelita.

b) Abrir al lobo en canal (líneas 2 y 7), sacar a la niña y a la abuelita, y perpretar una venganza digna de Alex de la Iglesia: rellenarlo con piedras para que al beber agua del río se caiga y se ahogue.
Antes que eso existió otra versión, en la que la niña se salvaba por su propia iniciativa...

No os lo perdáis: le dice a la "abuelita" que tiene que, ejem, liberar a Willy, y que va al baño y ahora vuelve; y aprovecha para escaparse.

Esta versión fue debidamente retocada para dejar claro -en teoría, siempre en teoría- que Caperucita es un ser pasivo que sólo sirve para llevar cestas de una casa a otra, oler flores, confundir a sus familiares más próximos con animales salvajes y ser rescatada por leñadores o guardabosques o cazadores que tengan el don de la oportunidad. Vamos, como para ponerlo en el currículum.
Quizás simplemente parecía demasiado escatológico y era preferible ver a la niña devorada que pretendiendo tener que hacer de vientre.
*Pausa para la reflexión común*
Pero, naturalmente, las versiones que más me fascinan son las más bestias. Atentos a esto:
Aquí tenemos pues a una Caperucita que se las ve no sólo con un ogro, con lo feos que son, sino encima con el problema de la pérdida de audición a una edad tan temprana. Y menos mal que acaba muriendo sin saber que se ha papeado a su abuela.
En fin, el caso es que la moraleja siempre ha estado muy clara: di NO a los recados. Si tu madre quiere que la abuela o quien sea reciba una cesta, o la lleva ella, que es la adulta, o la manda por Seur. NO se manda a las niñas pequeñas a un bosque infestado de lobos hambrientos. NO se deja a una ancianita enferma viviendo en medio de un bosque; se la lleva al hospital y que la curen. Y las caperuzas rojas, por algún motivo, resultan irresistibles a los lobos, así que si mandas a una niña pequeña con una cesta por en medio de un bosque infestado con lobos para que visite a su abuela que agoniza en su lecho sin poder hacerse ni un bocata nocilla, NO le pongas una puñetera caperuza roja. Que en este caso fue un lobo, pero podría haber sido un toro. Coño ya.

Vístete así bajo tu propia responsabilidad y teniendo en cuenta que tu novio puede arrancarte la ropa a bocaos como si fuera una bestia hambrienta.
(Y según la versión no sólo vas a fingir zoofilia; puedes hacer un trío con un leñador o darte a la gerontofilia, la coprofilia, la necrofilia y/o el canibalismo...)
Tags: fragmentos
No sé hasta qué punto puede marcar la vida de una persona haber crecido conociendo una versión u otra de los cuentos para niños, o de las cosas en general. Por ejemplo, Caperucita Roja (¡enlace tela de interesante!): mi poema preferido de niña era éste.
Caperucita Roja - Gabriela Mistral
Caperucita Roja visitará a la abuela
que en el poblado próximo sufre de extraño mal.
Caperucita Roja, la de los rizos rubios,
tiene el corazoncito tierno como un panal.
A las primeras luces ya se ha puesto en camino
y va cruzando el bosque con un pasito audaz.
Sale al paso Maese Lobo, de ojos diabólicos.
«Caperucita Roja, cuéntame adónde vas».
Caperucita es cándida como los lirios blancos.
«Abuelita ha enfermado. Le llevo aquí un pastel
y un pucherito suave, que se derrama en jugo.
¿Sabes del pueblo próximo? Vive en la entrada de él».
Y ahora, por el bosque discurriendo encantada,
recoge bayas rojas, corta ramas en flor,
y se enamora de unas mariposas pintadas
que la hacen olvidarse del viaje del Traidor...
El Lobo fabuloso de blanqueados dientes,
ha pasado ya el bosque, el molino, el alcor,
y golpea en la plácida puerta de la abuelita,
que le abre. (A la niña ha anunciado el Traidor.)
Ha tres días la bestia no sabe de bocado.
¡Pobre abuelita inválida, quién la va a defender!
... Se la comió riendo toda y pausadamente
y se puso en seguida sus ropas de mujer.
Tocan dedos menudos a la entornada puerta.
De la arrugada cama dice el Lobo: «¿Quién va?»
La voz es ronca. «Pero la abuelita está enferma»
la niña ingenua explica. «De parte de mamá».
Caperucita ha entrado, olorosa de bayas.
Le tiemblan en la mano gajos de salvia en flor.
«Deja los pastelitos; ven a entibiarme el lecho».
Caperucita cede al reclamo de amor.
De entre la cofia salen las orejas monstruosas.
«¿Por qué tan largas?», dice la niña con candor.
Y el velludo engañoso, abrazado a la niña:
«¿Para qué son tan largas? Para oírte mejor».
El cuerpecito tierno le dilata los ojos.
El terror en la niña los dilata también.
«Abuelita, decidme: ¿por qué esos grandes ojos?»
«Corazoncito mío, para mirarte bien...»
Y el viejo Lobo ríe, y entre la boca negra
tienen los dientes blancos un terrible fulgor.
«Abuelita, decidme: ¿por qué esos grandes dientes?»
«Corazoncito, para devorarte mejor...»
Ha arrollado la bestia, bajo sus pelos ásperos,
el cuerpecito trémulo, suave como un vellón;
y ha molido las carnes, y ha molido los huesos,
Caperucita Roja visitará a la abuela
que en el poblado próximo sufre de extraño mal.
Caperucita Roja, la de los rizos rubios,
tiene el corazoncito tierno como un panal.
A las primeras luces ya se ha puesto en camino
y va cruzando el bosque con un pasito audaz.
Sale al paso Maese Lobo, de ojos diabólicos.
«Caperucita Roja, cuéntame adónde vas».
Caperucita es cándida como los lirios blancos.
«Abuelita ha enfermado. Le llevo aquí un pastel
y un pucherito suave, que se derrama en jugo.
¿Sabes del pueblo próximo? Vive en la entrada de él».
Y ahora, por el bosque discurriendo encantada,
recoge bayas rojas, corta ramas en flor,
y se enamora de unas mariposas pintadas
que la hacen olvidarse del viaje del Traidor...
El Lobo fabuloso de blanqueados dientes,
ha pasado ya el bosque, el molino, el alcor,
y golpea en la plácida puerta de la abuelita,
que le abre. (A la niña ha anunciado el Traidor.)
Ha tres días la bestia no sabe de bocado.
¡Pobre abuelita inválida, quién la va a defender!
... Se la comió riendo toda y pausadamente
y se puso en seguida sus ropas de mujer.
Tocan dedos menudos a la entornada puerta.
De la arrugada cama dice el Lobo: «¿Quién va?»
La voz es ronca. «Pero la abuelita está enferma»
la niña ingenua explica. «De parte de mamá».
Caperucita ha entrado, olorosa de bayas.
Le tiemblan en la mano gajos de salvia en flor.
«Deja los pastelitos; ven a entibiarme el lecho».
Caperucita cede al reclamo de amor.
De entre la cofia salen las orejas monstruosas.
«¿Por qué tan largas?», dice la niña con candor.
Y el velludo engañoso, abrazado a la niña:
«¿Para qué son tan largas? Para oírte mejor».
El cuerpecito tierno le dilata los ojos.
El terror en la niña los dilata también.
«Abuelita, decidme: ¿por qué esos grandes ojos?»
«Corazoncito mío, para mirarte bien...»
Y el viejo Lobo ríe, y entre la boca negra
tienen los dientes blancos un terrible fulgor.
«Abuelita, decidme: ¿por qué esos grandes dientes?»
«Corazoncito, para devorarte mejor...»
Ha arrollado la bestia, bajo sus pelos ásperos,
el cuerpecito trémulo, suave como un vellón;
y ha molido las carnes, y ha molido los huesos,
y ha exprimido como una cereza el corazón...

(No niego la posibilidad de que esta entrada tenga que ver con que me hayan regalado unos bombones Mon Cheri.)
Ah, la fascinación por las versiones (pinchad para leerlas, que tienen su puntillo). Rashomon y tal. Me encanta.
Mucha gente crece creyendo realmente en la existencia de un leñador que llega a tiempo de:
a) Matar al lobo y sacar de su estómago -al parecer, carente de ácidos para hacer una digestión adecuada- a la niña y a la abuelita.

b) Abrir al lobo en canal (líneas 2 y 7), sacar a la niña y a la abuelita, y perpretar una venganza digna de Alex de la Iglesia: rellenarlo con piedras para que al beber agua del río se caiga y se ahogue.
Antes que eso existió otra versión, en la que la niña se salvaba por su propia iniciativa...

No os lo perdáis: le dice a la "abuelita" que tiene que, ejem, liberar a Willy, y que va al baño y ahora vuelve; y aprovecha para escaparse.

"Oh, grandmother, I have to do it outside!"
"Do it in the bed, my child!"
"Oh no, grandmother, I really have to do it outside."
"All right, but don't take too long."
The bzou tied a woolen thread to her foot and let her go. As soon as the little girl was outside she tied the end of the thread to a plum tree in the yard.
The bzou grew impatient and said, "Are you doing a load? Are you doing a load?"
Not hearing anyone reply, he jumped out of bed and hurried after the little girl, who had escaped. He followed her, but he arrived at her home just as she went inside.
Esta versión fue debidamente retocada para dejar claro -en teoría, siempre en teoría- que Caperucita es un ser pasivo que sólo sirve para llevar cestas de una casa a otra, oler flores, confundir a sus familiares más próximos con animales salvajes y ser rescatada por leñadores o guardabosques o cazadores que tengan el don de la oportunidad. Vamos, como para ponerlo en el currículum.
Quizás simplemente parecía demasiado escatológico y era preferible ver a la niña devorada que pretendiendo tener que hacer de vientre.
*Pausa para la reflexión común*
Pero, naturalmente, las versiones que más me fascinan son las más bestias. Atentos a esto:
They left. But on the way Little Red Hat came to a meadow where beautiful flowers of all colors were in bloom, and the girl picked as many as her heart desired. Meanwhile the ogre hurried on his way, and although he had to cross the thorns, he arrived at the house before Little Red Hat. He went inside, killed the grandmother, ate her up, and climbed into her bed. He also tied her intestine onto the door in place of the latch string and placed her blood, teeth, and jaws in the kitchen cupboard.
He had barely climbed into bed when Little Red Hat arrived and knocked at the door.
"Come in" called the ogre with a dampened voice.
Little Red Hat tried to open the door, but when she noticed that she was pulling on something soft, she called out, "Grandmother, this thing is so soft!"
"Just pull and keep quiet. It is your grandmother's intestine!"
"What did you say?"
"Just pull and keep quiet!"
Little Red Hat opened the door, went inside, and said, "Grandmother, I am hungry."
The ogre replied, "Go to the kitchen cupboard. There is still a little rice there."
Little Red Hat went to the cupboard and took the teeth out. "Grandmother, these things are very hard!"
"Eat and keep quiet. They are your grandmother's teeth!"
"What did you say?"
"Eat and keep quiet!"
A little while later Little Red Hat said, "Grandmother, I'm still hungry."
"Go back to the cupboard," said the ogre. "You will find two pieces of chopped meat there."
Little Red Hat went to the cupboard and took out the jaws. "Grandmother, this is very red!"
"Eat and keep quiet. They are your grandmother's jaws!"
"What did you say?"
"Eat and keep quiet!"
A little while later Little Red Hat said, "Grandmother, I'm thirsty."
"Just look in the cupboard," said the ogre. "There must be a little wine there."
Little Red Hat went to the cupboard and took out the blood. "Grandmother, this wine is very red!"
"Drink and keep quiet. It is your grandmother's blood!
"What did you say?"
"Just drink and keep quiet!"
Aquí tenemos pues a una Caperucita que se las ve no sólo con un ogro, con lo feos que son, sino encima con el problema de la pérdida de audición a una edad tan temprana. Y menos mal que acaba muriendo sin saber que se ha papeado a su abuela.
En fin, el caso es que la moraleja siempre ha estado muy clara: di NO a los recados. Si tu madre quiere que la abuela o quien sea reciba una cesta, o la lleva ella, que es la adulta, o la manda por Seur. NO se manda a las niñas pequeñas a un bosque infestado de lobos hambrientos. NO se deja a una ancianita enferma viviendo en medio de un bosque; se la lleva al hospital y que la curen. Y las caperuzas rojas, por algún motivo, resultan irresistibles a los lobos, así que si mandas a una niña pequeña con una cesta por en medio de un bosque infestado con lobos para que visite a su abuela que agoniza en su lecho sin poder hacerse ni un bocata nocilla, NO le pongas una puñetera caperuza roja. Que en este caso fue un lobo, pero podría haber sido un toro. Coño ya.

Vístete así bajo tu propia responsabilidad y teniendo en cuenta que tu novio puede arrancarte la ropa a bocaos como si fuera una bestia hambrienta.
(Y según la versión no sólo vas a fingir zoofilia; puedes hacer un trío con un leñador o darte a la gerontofilia, la coprofilia, la necrofilia y/o el canibalismo...)
Current Mood:
sleepy
sleepy