: MARÍA GIMÉNEZ, CURRENT MOOD: REINA DEL DRAMA
Bonus - Stendhal, current mood: reina del drama
Y eso es lo que le pasó a "un amigo" de Stendhal. En la biografía que incluye su novela "Del amor" (1822), de la que en su día un librero dijo al susodicho que parecía sagrada porque nadie la tocaba, se desvela -aunque se nota a la legua, francamente- que Salviati es el alter ego de Stendhal, con lo que la cosa realmente se convierte en un episodio de patetismo como pocos habrá habido.

"Me enojo y no respiro"
Una mujer ofendida por "no se qué falta de delicadeza", ya. Desde luego, el castigo de verle una hora cada quince días es genial, pero hay un tipo de persona que es capaz de sacar provecho incluso de estas circunstancias, por ejemplo escribiendo un libro.
El mejor punto es que Salviati termina suicidándose, y el pobre Stendhal le llora y le dedica unos hermosos versos de Dante. No olvidemos el hecho de que cuando escribió esta novela el autor tenía ya sus buenos cuarenta años. Incluyendo pasajes como el que sigue: "Una réplica imprevista que me permite ver más claramente un alma tierna, generosa, ardiente, o, como dice el vulgo, novelesca, y que pone por encima de la ventura de los reyes el simple placer de pasear sola con su amante a medianoche por un apartado bosque, me da también que soñar hasta que amanece. Alguno dirá que mi querida es una gazmoña; yo diré que la suya es una p..."
No lo niego. Me encanta :-D
Tags: fragmentos, ideas felices
"A pesar de que lleno los teatros donde actuamos, la subvención de Cultura es de 30.000 euros, la misma que el año pasado. Esto demuestra que la institución que debe apoyarnos no sólo no apoya sino que nos pone casi un pie en la cabeza para ver si nos asfixiamos", señaló la bailarina. Giménez añadió que han mandado dos telegramas a presidencia de Gobierno y al Ministerio de Cultura y "lo único que hemos recibido ha sido el acuse de recibo".[Noticia completa]

María: para cuando te bajes de las puntas
Bonus - Stendhal, current mood: reina del drama
"Érase uno de mis amigos, a quien una mujer, a la que él amaba con idolatría, creyéndose ofendida por no sé qué falta de delicadeza que nunca quiso confiarme, había condenado de repente a no verla más que dos veces cada mes. Estas visitas tan raras y tan deseadas eran un acceso de locura, y se necesitaba toda la fuerza de carácter de Salviati para que esta locura no trascendiera a su exterior.
Desde el principio la idea del fin de la visita está demasiado presente en Salviati para que pueda sentir placer alguno. Habla mucho sin escucharse; frecuentemente dice lo contrario de lo que piensa. Se engolfa en razonamientos que a poco se ve obligado a cortar, porque al despertar y al escucharse a sí mismo, los halla ridículos. El esfuerzo que hace es tan violento, que tiene un aire frío. El amor se oculta bajo su propio exceso.
Lejos de la amada, su imaginación era mecida por los más encantadores diálogos; encontraba los transportes más tiernos y conmovedores. En vista de esto, se cree durante diez o doce días con la audacia suficiente para hablarla; pero en la antevíspera del día que debía ser dichoso para él, la fiebre comienza y aumenta a medida que se acerca el instante terrible.
En el momento de entrar en su salón, para no hacer ni decir tonterías increíbles se ve reducido a guardar silencio y a mirarla, para poder acordarse por lo menos de su imagen. Apenas está en su presencia parece que le acude a los ojos una especie de embriaguez. Nota que, como un maníaco, es impelido a realizar actos extraños, advierte en él la sensación de tener dos almas: una para obrar y otra para censurar lo que obra. Siente confusamente que la forzosa atención concedida a la estupidez refrescaría su sangre un momento, haciéndole perder de vista el fin de la visita y la desgracia de tenerla que abandonar por otros quince días.
Si encuentra allí algún individuo flemático, pesado, que cuenta una historia vulgar, el pobre enamorado, en su inexplicable locura, le presta toda su atención, como si tuviera el deseo de perder unos momentos tan raros. Esta hora, que él se prometía tan deliciosa, pasa como una ardiente flecha y, sin embargo, él siente con indecible amargura todas las pequeñas circunstancias que le indican lo extraño que se ha vuelto para la que ama. Se halla en medio de los indiferentes que la visitan y ve que es el único que ignora todos los pequeños detalles de su vida en los días pasados. En fin, se marcha, y al decirle friamente adiós, experimenta la horrible sensación de saber que no ha de verla hasta dentro de quince días; nadie duda que este enamorado sufriría menos si no viera nunca a la que ama. A esta clase de galante, pero mucho más triste todavía, pertenece el duque de Policastro, que cada seis meses andaba cien leguas para ver en Leco, durante un cuarto de hora, a una querida adorada y guardada por un celoso.
[...]La vida estaba dividida para Salviati en períodos de quince días, que tomaban el color de la velada en que se le había permitido ver a Mad.***; por ejemplo, el 21 de mayo estuvo loco de contento y el 2 de junio no volvió a su casa por temor de caer en la tentación de saltarse la tapa de los sesos.
Esta noche he visto allá que los novelistas han pintado muy mal el momento del suicidio. "Tengo sed -me decía Salviati con sencillez- y necesito beberme este vaso de agua." Yo no combatí su resolución, le dije adiós y él se puso a llorar.
[...]Sabido es que a su muerte, después de dos años de esta pasión generosa y sin límites, su carácter había contraído muchas nobles costumbres y por lo menos con relación a esto es juzgar correctamente: si hubiera vivido y las circunstancias le hubiesen ayudado un poco, habría dado que hablar de sí. Acaso también, a fuerza de sencillez, su mérito habría pasado invisible sobre esta tierra."
Y eso es lo que le pasó a "un amigo" de Stendhal. En la biografía que incluye su novela "Del amor" (1822), de la que en su día un librero dijo al susodicho que parecía sagrada porque nadie la tocaba, se desvela -aunque se nota a la legua, francamente- que Salviati es el alter ego de Stendhal, con lo que la cosa realmente se convierte en un episodio de patetismo como pocos habrá habido.

"Me enojo y no respiro"
Una mujer ofendida por "no se qué falta de delicadeza", ya. Desde luego, el castigo de verle una hora cada quince días es genial, pero hay un tipo de persona que es capaz de sacar provecho incluso de estas circunstancias, por ejemplo escribiendo un libro.
El mejor punto es que Salviati termina suicidándose, y el pobre Stendhal le llora y le dedica unos hermosos versos de Dante. No olvidemos el hecho de que cuando escribió esta novela el autor tenía ya sus buenos cuarenta años. Incluyendo pasajes como el que sigue: "Una réplica imprevista que me permite ver más claramente un alma tierna, generosa, ardiente, o, como dice el vulgo, novelesca, y que pone por encima de la ventura de los reyes el simple placer de pasear sola con su amante a medianoche por un apartado bosque, me da también que soñar hasta que amanece. Alguno dirá que mi querida es una gazmoña; yo diré que la suya es una p..."
No lo niego. Me encanta :-D
Current Mood:
jejeje
jejejeCurrent Music: Je T'aime Moi Non Plus - Asia Argento & Brian Molko
